Como los lectores más fieles de mi blog, ya sabrás que me encantan los viajes en bus. Bueno, no siempre. Hay días que tarda en venir, que va lleno y no te puedes subir o que, simplemente, no te dejan donde quieres y cuando quieres. Pero sí es cierto que, de una manera u otra, le acabo pillando el encanto por la gente que viaja contigo y que, de otra manera, no verías.